Brujería matemática
En un concurso de la tele un chico contestó 91 a un 11 x 8, y lo repitió más alto por si no le habían oído. Sin querer, me dejó pensando en si de verdad seguimos necesitando saber sumar.
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En un concurso de la tele un chico contestó 91 a un 11 x 8, y lo repitió más alto por si no le habían oído. Sin querer, me dejó pensando en si de verdad seguimos necesitando saber sumar.
Leer Brujería matemática →Una señora en la terraza de un bar buscaba el nombre de un pescado que sabía mucho a pescado. Sin querer, me dejó pensando en el día que dejamos de dar por hecho que la comida supiera a lo que es.
Leer El pescado que sabe a pescado →Hace diez años un amigo me dijo que le habría gustado no ser gay. No por falta de aceptación, sino porque la vida habría sido más sencilla. Yo le dije que no era mi caso. Hoy, 28 de junio, sigo pensando exactamente lo mismo.
Leer Por qué me alegra ser gay →Quise trasplantar el universo de Tom of Finland a la realidad vasca con ayuda de la inteligencia artificial. Acabé con veinte obreros guapísimos y una lección sobre lo que las máquinas todavía no saben dibujar.
Leer Le pedí deseo, me devolvió oficio →Un niño en la calle no supo leer un papel manuscrito. Lo que empezó como una escena cotidiana se convirtió en una pregunta que no sé muy bien cómo responder: ¿sigue siendo necesario escribir a mano en plena era digital?
Leer Escribir a mano: ¿necesidad o nostalgia? →ING anuncia un modelo de suscripción transparente. La noticia es buena, pero sobre todo es una excusa perfecta para hablar de lo que la banca española lleva décadas haciendo: comisiones incomprensibles, regalos con permanencia y condiciones que cambian cuando al banco le conviene.
Leer La banca española sin eufemismos: comisiones opacas, regalos con trampa y letra pequeña →Llevamos años cediendo sin darnos cuenta una de las decisiones más íntimas que tenemos: elegir qué leer, qué escuchar, qué ver. Y lo hemos hecho voluntariamente, a cambio de comodidad.
Leer El algoritmo que piensa por ti →Cada mañana que bajo de Uribarri hacia la oficina me encuentro el mismo espectáculo: una hilera de persianas convertidas en el cuaderno de firmas de alguien que nadie invitó.
Leer La persiana como lienzo ajeno →La sanidad pública vasca ha decidido comunicarse con sus pacientes a través de una plataforma privada americana. Que SMS y el correo electrónico existan no parece haber pesado demasiado en esa decisión.
Leer Osakidetza se va a WhatsApp y nadie parece verle el problema →Hemos normalizado que la competencia técnica sea opcional para ser considerado artista, experto o líder. Y eso tiene consecuencias que van mucho más allá del arte contemporáneo.
Leer El fin del mérito: de Duchamp a Trump pasando por Bad Bunny →Hace un año publiqué el primer artículo de Paigar.eu convencido de que esto sería un blog secundario. Hoy sigue siendo el sitio en el que más me divierte escribir, y todavía no tengo ni idea de cuánta gente me lee. Eso, lejos de ser un problema, resulta que es la solución.
Leer Un año en el cajón de sastre →En 1999, en un instituto tecnológico de Eindhoven, descubrí que los ordenadores podían razonar con incertidumbre. Veinticinco años después, esa idea está en el corazón de la inteligencia artificial.
Leer La lógica difusa: cuando el mundo no es blanco ni negro →Lume, Deno, pig.js, proveedores europeos y tres mil fotos rescatadas de Instagram. Un recorrido por las decisiones técnicas detrás de este sitio, contadas sin manual de instrucciones.
Leer El cuarto de máquinas de este blog →Los primeros recuerdos de la infancia son esquivos y están desordenados. Pero yo tengo uno anclado a una fecha concreta gracias a un funicular averiado y a un gnomo que me pidió que no le tirara piedras.
Leer El día que vi un gnomo →Millones de blogs, un movimiento indie con principios, herramientas abiertas y RSS... pero ¿cuántos años tiene quien los mantiene? Una reflexión sobre el relevo generacional en la web libre.
Leer La web indie y sus canas: ¿quién cuida el blog personal en 2026? →Alexa Plus tiene conversación natural, responde mejor y puede encadenar órdenes. También discute, se pone borde y cambia de acento sin avisar. Puede que no sean la misma ventaja.
Leer Alexa, para. Solo quiero que me apagues la luz. →En 1996 llegó un disco diferente a todo lo que sonaba en la radio española. Se llamaba Entre Ánimas, lo firmaba Virjinia Glück, y todavía treinta años después lo pongo y digo: coño, es muy bueno.
Leer Treinta años de Entre Ánimas, el disco que me rompió los esquemas →Antes de los algoritmos, antes de los feeds infinitos, antes de que te convirtieran en audiencia, internet era un sitio donde la gente hacía cosas porque quería hacerlas. Y eso se notaba.
Leer Por qué la web de 2005 era más tuya que la de hoy →Awwwards y similares venden reconocimiento. El problema no es que cobren por participar. El problema es lo que el cliente entiende cuando ve la insignia en el footer de una agencia.
Leer La insignia que se compra →Bilbao ha hecho un trabajo extraordinario en accesibilidad urbana. El problema no es la ciudad. El problema es lo que hacemos con ella.
Leer La ciudad que sí ha pensado en ti (y el vecino que no) →Una paleta de colores preciosa, una normativa de accesibilidad implacable y la conversación incómoda que tarde o temprano hay que tener con el cliente.
Leer Cuando el gusto personal choca con la accesibilidad webb →Llevamos décadas con pantallas rectangulares y seguimos sin ponernos de acuerdo en qué dirección va el rectángulo. Una reflexión sobre proporciones, encuadres imposibles y la ceguera espacial que todos tenemos en algún sitio.
Leer La patinadora entera no cabe →Montas una sociedad para simplificarte la vida y descubres que has entrado en una categoría invisible que el sistema se encarga de penalizar en cada esquina.
Leer Autónomo societario: la trampa perfecta del sistema →Un cuento corto de ciencia ficción publicado en 1972 que mezcla venusianos, una distopía socialista mundial y una bahía francesa donde sucede algo que nadie nombra durante quince años. Lo leí hace tiempo, lo he releído ahora y sigue funcionando.
Leer Venus Marítima, el relato que me voló la cabeza →Eleventy —el generador de sitios estáticos al que tantos hemos sido fieles— ha confirmado que se renombra a Build Awesome y entra al catálogo freemium de Font Awesome. La versión gratuita sigue existiendo, pero la promesa original —proyecto pequeño, independiente, sin agenda comercial— deja de estar sobre la mesa. Toca empezar a mirar el horizonte.
Leer Cuando tu herramienta favorita cambia de rumbo →Seguí el protocolo al pie de la letra durante treinta días, sellé el contenedor y fui al ambulatorio a entregarlo. Entonces me dijeron que el riesgo bacteriológico era mi responsabilidad.
Leer El contenedor sellado →YouTube está lleno de vídeos donde alguien construye una app sin saber programar, usando IA, y la vende por miles de dólares. ¿Es verdad? ¿Y si lo es, por qué lo cuentan?
Leer Construí una app con IA sin saber programar y gano 10.000 dólares al mes (y tú también puedes) →El agente de seguridad del metro tenía razón: debería haber pagado dos billetes. El problema es que el sistema de cancelación no permite hacerlo físicamente. Y eso no era culpa mía.
Leer Lo que Metro Bilbao no ha pensado sobre la dependencia →Hemos normalizado pagar todo con tarjeta porque es cómodo, rápido y limpio. Pero hay un detalle del que casi nadie habla y que conviene mirar con calma: cada transacción deja un trozo del dinero en el banco, y al final del recorrido la cuenta sale rara.
Leer La pequeña estafa cotidiana del pago con tarjeta →Rosalinda Galán llegó al Benidorm Fest 2026 con una canción sobre Carmen, un plano secuencia que es pura artesanía televisiva y una actuación que debería estar en los libros de historia del festival. Pero no ganó. Y eso todavía me duele un poco.
Leer Mataora: la obra de arte que el Benidorm Fest 2026 no supo premiar →Una serie de televisión de los años setenta me convenció de niño de que treinta años era tiempo más que suficiente para vivir. Hoy, con casi el doble, puedo decir que me equivocaba bastante.
Leer La fuga de Logan y nuestra fecha de caducidad →Bilbao tiene su propia baldosa, como toda ciudad que se respete. Pero la nuestra, además de bonita, tiene un truco: algunas se comen el CO2 que pisas.
Leer La baldosa de Bilbao: sesenta millones de flores bajo los pies →Los desarrolladores que empezamos a finales de los noventa somos la primera generación de la historia que está envejeciendo en este oficio. No hay manual, no hay tradición, no hay abuelos que nos cuenten cómo se hace. Y lo cierto es que estamos disfrutándolo bastante.
Leer Cómo envejecer en un oficio que nunca había envejecido →Crónica honesta de cómo monté flavor-a11y para parchear lo que Divi no quiere arreglar en los sitios de marca blanca que llevo para terceros, con las trampas, los aciertos y todo lo que la WCAG no te cuenta hasta que tienes ochenta dominios en producción.
Leer Lo que aprendí construyendo un plugin de accesibilidad para Divi →Llevo en internet desde antes de que internet tuviera imágenes. Desde Lynx hasta CSS Grid, pasando por las guerras de navegadores, Flash, Geocities y jQuery. No es una lista histórica — es un recorrido por lo que viví, con la perspectiva de alguien que estuvo ahí cuando cada una de estas cosas era el futuro inevitable de la web.
Leer Las tecnologías que marcaron la web (vistas desde dentro) →Un cuento de Arthur C. Clarke que al principio me pareció demasiado simple. Llevo años dándole vueltas sin saber muy bien por qué.
Leer Los nueve billones de nombres de Dios: el relato que no me abandona →El cliente no tiene por qué saber de tecnología. Para eso nos contrata. Y parte de lo que contrata —aunque no lo sepa— es nuestra capacidad de orientarle. Eso incluye explicar, proponer alternativas y, cuando hace falta, decir que no.
Leer Educar al cliente es parte del trabajo →Soy parte del colectivo y estoy convencidísimo de que la bandera arcoíris clásica es perfecta tal y como está. Las versiones recientes con triángulos y colores añadidos no suman, restan. Y lo digo desde el cariño y desde el oficio de quien lleva años trabajando con identidad visual.
Leer Por qué creo que las versiones nuevas de la bandera LGTBIQ+ son un error →Confesiones de un ex coleccionista de cómics que ha leído de todo, desde Batman hasta The Authority pasando por Miracleman, y que sigue eligiendo al kriptoniano. No por sus poderes. Por algo mucho más sencillo y mucho más raro hoy en día.
Leer Por qué Superman sigue siendo mi superhéroe favorito →La mayoría de los desarrolladores no escriben. No código — eso lo hacen todo el día. Me refiero a escribir texto: explicar lo que saben, documentar lo que han aprendido, poner en palabras el razonamiento detrás de las decisiones. Es la habilidad más infravalorada del oficio.
Leer Escribir como parte del oficio →WordPress ha democratizado la creación web de una forma genuinamente positiva. Más de un 40% de los sitios web del mundo funcionan con él. Pero toda democratización tiene efectos secundarios, y en el caso de WordPress, uno de los más dañinos ha sido la banalización del oficio de construir webs.
Leer WordPress: la democratización que trajo un problema →Un relato de Magdalena Mouján Otaño publicado en 1968 que la censura franquista cortó a tijeretazos, donde una familia basca construye una máquina del tiempo para averiguar de dónde venimos y descubre algo que cualquier basko, en el fondo, ya sospechaba.
Leer Gu Ta Gutarrak, un cuento sobre el origen de los baskos →Por una pieza diminuta de mi caldera pagué casi lo que cuesta un ordenador completo y la cifra me sigue dando vueltas. Una reflexión sobre cómo aceptamos sin parpadear el precio de lo que se puede tocar y discutimos hasta el último céntimo el de lo que vive en un servidor.
Leer Reflexionando sobre el valor de una termistancia →"Mi sobrino sabe hacer webs." Es la frase que mejor resume el problema de percepción que tiene este oficio. El sobrino probablemente sí ha hecho una web. Ha cogido una plantilla, la ha instalado, ha cambiado las fotos. Igual que calentar un precocinado es cocinar en el sentido más literal.
Leer El mito de 'saber hacer webs' →La web no es papel. Tiene un lienzo sin medidas fijas, colores que varían entre pantallas y tipografías que dependen del sistema operativo. Entender estas particularidades es lo que diferencia un buen diseño web de uno que solo luce bien en Figma.
Leer Diseñar para la web es diseñar para la incertidumbre →Antes de que existiera paigar.eu pensé en montar un blog desde mi identidad gay: tres candidatos, los tres viables. No los hice porque ser gay es fundamental en mi vida, sí, pero no es definitorio. Esa distinción es la que terminó dándole forma a este cuaderno.
Leer El blog gay que casi escribí →Un movimiento que lleva más de una década reivindicando lo que para muchos era obvio: que tu identidad digital debería estar en tu dominio, que tu contenido debería ser tuyo, y que las plataformas centralizadas son un sitio peligroso donde apoyar tu vida en línea.
Leer Qué es el movimiento IndieWeb →Un caso real de WordPress con 45 plugins instalados, 12 GB de hosting ocupados y un cliente quejándose de lentitud sirve de excusa para hablar de basura digital, optimización web, page builders y la huella energética que nadie ve.
Leer 45 plugins, 12 GB y una web que pedía socorro →Hay una tendencia a tratar el rendimiento como algo que se optimiza al final del proyecto. Primero construyes la web, luego la haces rápida. Como si la velocidad fuera una capa de pintura sobre una estructura terminada. Eso no funciona — es el resultado de cientos de decisiones que se tomaron sin pensar en el rendimiento.
Leer La velocidad es una funcionalidad →En ofertas de trabajo, en conversaciones con clientes, incluso entre profesionales del sector, los términos diseñador web y desarrollador web se intercambian como si fueran sinónimos. No lo son. Y la confusión perjudica a ambas profesiones, al cliente que no sabe qué está contratando, y al proyecto que no recibe ni buen diseño ni buen desarrollo.
Leer Diseñador web y desarrollador web no son lo mismo →A finales de mayo, todos los años, dos o tres clientes me piden el logo en arcoíris durante junio. Cumplo el encargo y facturo. Pero este cuaderno es mío, y aquí sí puedo decir lo que pienso de ese gesto.
Leer Cada junio me piden lo mismo →La historia de un nombre que arrastro desde la infancia, una película de 1968 que no se tomaba en serio a sí misma y un ángel semidesnudo con alas blancas que se me quedó dentro para siempre.
Leer Por qué este blog se llama Paigar →Me llamo Juanjo Marcos, vivo en Bilbao y llevo desde 1999 haciendo cosas para internet. PAIGAR es uno de los tres sitios que mantengo. Aquí escribo cuando me apetece, sobre lo que me apetece, con la extensión que me apetece.
Leer Sobre mí →